Afortunadamente, entre todos los productos (y subproductos) clónicos que abarrotan el panorama durante estos días, aún hay sitio para la calidad y la originalidad
. “Metamorphine”, el primer trabajo en solitario de Leandra, alias Ophelia Dax para los fans de Jesus On Extasy, confirma que entre los autores de “Holy Beauty” había, como todo apuntaba a pensar, talento. Pero mucho talento.
La portada del cedé ilustra perfectamente su contenido y revela varios aspectos sobre su autora: niña prodigio, ganadora durante su infancia y adolescencia de múltiples concursos en su Bielorrusia natal y en Alemania, Leandra, como en la imagen (creemos que es ella) de la portada, se desnuda emocionalmente ante el público a través de su voz y la música que crea con su instrumento favorito: el piano. Con los ojos vendados, nos invita a viajar con el corazón y la imaginación por paisajes melancólicos, sensuales y misteriosos inspirados por el amor, los cambios vitales y los sueños que atrapan irremediablemente al oyente y se apropian por completo de su atención.
La fórmula para lograrlo es tan sencilla como difícil de lograr: melodías minimalistas e hipnóticas conducen con maestría los once temas de este compacto que, estilísticamente, se mueve entre un trip-hop bastante orgánico con toques góticos y unas heavenly voices con interesantes dosis de experimentación. En una obra llena de detalles y que destila personalidad por los cuatro costados, la colaboración de alguien como Sven Friedrich está cargada de sentido: “The art of dreaming” es el tema estrella y reúne de un modo sensacional los rasgos definitorios de ambos artistas. Pero esta es solo la guinda del pastel: el arranque del disco es sensacional y el registro de Leandra, con matices de dicción que recuerdan a Björk y dejes a lo Dolores O’Riordan, arrastra casi literalmente el alma y la mente hacia la atmósfera surrealista de las composiciones, entre las que destacan, amén de la mencionada, “Lie to me”, “Coloured”, la ultraminimalista “Naked eyes” y “Tyberi folla”, cantada en un lenguaje inventado que suena como uno oficial reproducido a la inversa. Las incursiones en heavenly voices comienzan con “Angeldaemon” y se prolongan con “Son of Venus (danny’s song)”, grabada en directo, “Inverted mirrors of decay” y “Pi”, con su sorprendente final digno del doom metal más purista.
Con “Metamorphine”, Leandra se presenta a sí misma a la escena popular del mejor modo posible, regalándonos toda una joya que, además de deleitarnos y envolvernos con su música, recupera un género que parecía fallecido tras su época de esplendor. Muy, muy, muy, pero que muy, bueno.