Blind Faith And Envy - 'The Charming Factor'
Podríamos atrevernos a decir -por muy mal que suene a principio de una crítica musical- que sin duda existen muchas clases de discos, gran cantidad de registros y mayor cantidad aún de consecuencias sobre los oyentes: tenemos discos que agreden y provocan agresión, tenemos discos que deprimen, y otros que nos hacen recordar, así como los que pueden llegar a hacernos llorar. La música posee una cualidad inefable que nos provoca las reacciones más profundas e inexplicables, sentimientos a los que la palabra no llega a acceder y que se mantienen ahí, en ese nódulo de caóticas convivencias, sin saber muy bien por qué las cosas son como son...

Dentro de estos posibles efectos sobre el corazón, hay discos –y aquí viene la grosería, pero es que ésta es inevitable- hay discos que, simple y llanamente, dan buen rollo. Y, teniendo en cuenta lo que tenemos entre manos hoy en día, esta cualidad debería de ser más que valorada, porque hacer las cosas bien y conseguir un estado de ánimo tan positivo, no puede ser fácil. Y eso es lo que tenemos aquí: el álbum de debut de una nueva formación de Synthpop: Blind Faith And Envy, un dúo de Chicago que comenzó su andadura en 1999, y que en el 2004 sacó al mercado ‘The Charming Factor’, disco notable y de fácil escucha, con melodías de Pop bastante pegadizas y un sonido apreciable, con sintetizadores nítidos y una línea de bajo realmente atractiva; y, fundamentalmente, con una voz femenina que, por su condición y cándida tonalidad, nos hará sentir un poco más felices.

Blind Faith And Envy son, entonces, Daniel Guenther, compositor, productor, e ingeniero de sonido, y Charlene April, letrista y vocalista. Su música se deja englobar en el grupo de nuevas bandas con voz femenina y composiciones de clara índole Pop, al estilo de Tristraum (menos Wave que éstos), Isis Signum (menos Electro que éstos), o Nevarakka (menos Dance que éstos), o sea, posiblemente, la banda actual con vocalista femenina que mejor se adapte a la definición de Pop electrónico, pues el grupo no abunda en otros sonidos que no sean los justos para hacernos disfrutar, sin sobresaltos o dudas metódicas, de melodías agradecidas, voces sugerentes y ritmos nítidos y perfectamente recogidos en sí mismos.

Lo primero que llama la atención de este álbum (y que no dudamos seguirá haciéndolo en futuras referencias) es el sonido tanto de las voces como de la instrumentación, siendo la voz de Charlene un catálogo de expresiones elegantes, capacitadas tanto para la insinuación de niña resabiada como para la melodía más entusiasta (óigase ‘When I Know You’re Gone’ como claro ejemplo de esto último, una verdadera maravilla.) Y dentro de estas cualidades vocales, quisiéramos destacar su registro prudentemente limitado, y es que no nos cabe la menor duda de que, si hubiera hecho falta un mayor compromiso, la vocalista de Chicago lo hubiera llevado a cabo, aunque, dadas las características de esta formación de Synthpop, tal esfuerzo no sólo no hacía falta, sino que hubiera resultado contraproducente.

La instrumentación es otra de las bazas de esta banda americana, utilizando unas bases perfectamente marcadas y un ritmo a medio tempo que suena con una pureza verdaderamente admirable. Es esta cualidad la que nos hace recordar el sonido Tecnopop de los 80, como es el caso de ‘Something Different’, ‘Slightest Wave’ o la misma versión que hacen del ‘Shout’ de Depeche Mode, consiguiendo lo que pocas bandas han conseguido: mejorar el tema original dándole una rítmica más precisa, cecana a la EBM, también la voz busca una nueva entonación, más emoción, mejor... teniendo en cuenta que los Depeche de aquella época aún buscaban su identidad.

Precisamente, éste es el estilo ochentero que se atisba en el álbum, muy similar en sus composiciones a Erasure, pero remodelando todos los sonidos y adquiriendo nuevos compromisos con las texturas. Temas como ‘Golden Glass’, ‘Crowded Room’  o ‘Major philosopher’ podrían suponer la excepción, hallándose más cerca del Wave, pero se trata sólo de un espejismo, siendo la idiosincrasia del dúo esta elegancia adquirida a base de buena educación, talento y trabajo.

Por el contrario, este estilo de música adolece intrínsecamente de picos y depresiones, siendo casi siempre una línea recta en la que, si no se dispone de los recursos existenciales de unos Wolfsheim para quienes la ironía es fundamental y la melancolía innata, los momentos estelares se difuminan, la emoción se dirige siempre al punto más céntrico de la diana, no hay sitio para la improvisación o el desgarro. Estamos ante una desventaja que resulta ser también una ventaja, como ya indicamos al comentar las cualidades vocales de la cantante. No hay que darle más vueltas; las letras, como último ejemplo, son sintomáticas de toda esta evaluación: responden a temas cercanos como el amor y sus consecuencias, no van mucho más allá de la cristalina manifestación de los cambios en la personalidad que ocasionan estos sentimientos. Se mantienen pues, en esta línea refinada y educada, sin salirse de los cánones... Es una declaración de intenciones como otra cualquiera. Y se valora no tanto por su contenido como por los resultados absolutamente gozosos.



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