Blackshine - 'Lifeblood'
De entre las combinaciones de estilos musicales que aún no habían llegado al gran mercado con garantías de éxito, Blackshine ha elegido una de las que promete tener más aceptación entre el público aficionado a las guitarras cañeras: el death metal melódico y el hard rock pueden llegar a tener bastante en común, y 'Lifeblood' se encarga de demostrarlo.

El sonido y la filosofía del tercer larga duración de este cuarteto sueco no obedecen a una decisión caprichosa. Anders Strokirk, Joakin Stable y Fredrik Holmberg, a los que recientemente se ha unido Chris Barkensjö a las baquetas, llevan ya más de diez años como músicos profesionales y cada uno de los dos álbumes anteriores de Blackshine había supuesto para ellos un nuevo paso hacia delante y un ejercicio de reinvención. Corría el año 1988 cuando se fundó Hetseads, una banda de death metal a la vieja usanza (oíganse a los propios Death) que publicaría 'We hail the possesed' siete años más tarde a través de Repulse Records. Ya antes del 95, la carrera de Hetseads había llegado a su fin y de sus cenizas surgido Bloodshine.

A nuevo nombre, nueva orientación musical. 'Our Pain is Your Pleasure' ve la luz en el noventa y siete y es etiquetado como "Power Goth" y "Goth’n Roll". Los miembros del grupo se tomarán su tiempo para llegar a 'Soulless and proud' (2002), en el que aumenta la presencia del ‘roll y disminuyen los sonidos “góticos”. La metamorfosis se completa en el año que acaba de terminar. 'Lifeblood' puede gustar a amantes del heavy de toda la vida, del hard rock, del stoner y del death melódico, aunque difícilmente (y tristemente) convencerá a los fans más acérrimos de los sonidos oscuros.

De lo que no cabe duda es de la apertura de miras y del buen hacer de estos artistas. once cortes del cedé están repletos de energía y sabiamente recicladas influencias. Hay estribillos con melodías vocales que podrían recordar a la versión más rockera de los 69 Eyes, pero las conexiones principales se hallan, por lo general, más allá de las tinieblas. A veces el stoner ('Powerghoul'), en ocasiones el HM y casi siempre el sonido Gotemburgo -personificado en las melodías- y la parte más lúdica y macarra del rock duro constituyen los ingredientes principales de los temas. Canciones directas, potentes y con entidad propia y estribillos tarareables hacen que los treintaytantos minutos de 'Lifeblood' pasen volando y que cualquiera que sea el sitio en el que se esté oyendo se convierta en un templo para el culto al guitarreo. Difícil resulta destacar alguna composición, aunque 'Face the bastard god', el propio 'Lifeblood' y 'Unbroken' pueden erigirse como perfectos representantes de lo que vamos a encontrarnos en el compacto: rock original, de calidad y sin compromisos a cargo de una formación que tiene la rara y valiosa virtud de crear algo diferente en cada nuevo trabajo.



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