Son ya desde hace tiempo frecuentes, los
recopilatorios de
música Industrial,
Noise y
Ambient, que se entretejen al hilo de una
escena superpoblada, recargada y multifacetada, escenario no sólo propicio para
estas evacuaciones, sino también necesitado de las mismas bajo una premisa que
ya nos comienza a sonar de sobra:
a menor demanda, mayor
cantidad de ofertas.
Si a esto le añadimos el
factor de la
novedad, es decir, la
eclosión inesperada y
globalizada de sellos de sempiterna nueva generación,
ganas de
hacer cosas y de mover a la gente, energías renovables a fuerza de
sacar cabeza y de buscar contactos (Dios salve a la red), pues nos damos, mes a
mes, semana tras semana, de bruces con discos de
sellos
desconocidos, con
recopilatorios de bella factura,
sonido impecable, grupos desconocidos (bueno, ¿grupos? Más bien, proyectos),
casos que se repiten y que nos sumergen en el mayor de los caos, porque no hay
ser cabal que pueda con tanto grupo, y con tanta compilación.
Y lo peor
de todo es que la
calidad de estas ofertas
es cada vez
mayor. Cada vez hay un mejor acceso a instrumentos virtuales, y éstos
han mejorado proporcionalmente sus posibilidades y rendimiento. Así que no queda
otra opción que elegir,
elegir a discreción, sin disponer
prácticamente de justificaciones y de información. Elegir, por ejemplo, este
recopilatorio del
sello DTA,
triple cd,
41
bandas industriales,
Ambient,
Noise,
Breakcore, diseño en cartón, cuidada
selección de unos cuantos
cabezas de cartel y un montón, -un
inmenso montón- de
proyectos desconocidos, expectativas
encadenadas a un nombre exótico o a un título extravagante...

Y puestos a hundir nuestros tímpanos en este maremagno de
incertidumbres y de ritmos solapados, qué mejor que comprobar un plan
premeditado,
examinar el sampler con la satisfacción del
sibarita que colige un buen hacer, una forma cercana de entender el mundo y el
arte. Como es el caso de esta
‘destrucción tonal’, en donde
todo parece estar en su sitio y todo parece seguir unas coordenadas prefijadas,
(está bien, no todo: siempre hay que
dejar una pequeña falla,
algo que nos incomode, como, por ejemplo, el tema 13 del primer cd, no diremos
nombres para no herir susceptibilidades), y, de este modo, sentimos que hemos
obrado bien, que tenemos un recopilatorio que trasciende el mero fenómeno de la
evisceración aleatoria de estilos y de grupos. Tenemos en nuestras manos un
recopilatorio inesperadamente
homogéneo, que
ha mutado tras la segunda escucha en un proyecto propio, de calidad intrínseca y
de sentido particular.
Y es que
‘Tonal Destruction II’
dispone de buenas mimbres, pero no se detiene en eso, sino que además
ordena los materiales de forma inteligente y atractiva, creando
un mundo propio de tonalidad espesa y plasticidad sugerente; lo que nos puede
recordar a aquel
‘Ant-Hology’ del sello
Ant-Zen, sólo que nos podemos atrever a decir
que mejorando lo presente, porque actualmente la fusión de ritmos, estilos,
sonidos y texturas es ya un hecho consolidado, y lo que vamos a encontrar en
‘Tonal Destruction II’ será esta
amalgama de
géneros, amalgama ensamblada con musicalidad y criterio, sabiendo
escoger temas que si no son primeramente
industriales, sí que participan de
sonoridades extremas u obscuras, así como perpetran
compases vanguardistas y participan de la composición de la
banda sonora de un mundo único. Aislacionismo y
techno descoyuntado,
Ambient y
paisajes rotos
que envuelven nuestros sentidos para conducirnos a los grises y oxidados
paraísos de los amantes de emociones interiores.
Analizando mínimamente
el recopilatorio, y sin detenernos exhaustivamente en cada corte, podríamos
aseverar que
cada compacto recurre a
un tema
determinado: así, el
primero se centra en esos
ritmos cortados que ya hemos mencionado, colisionando a cada
paso con otros ritmos,
Breakcore pero
también
Rythm’n’noise,
experimentación a través del
Cut
& Paste más salvaje,
Hypnoskull como cebo para los peces que aspiramos a nuevas
sensaciones pero que nos dejamos llevar por lo malo conocido,
Scrape[dx],
C.H.District, como lo bueno por conocer,
Detritus o
Lament
Configuration aportando
el toque hermoso e insano, y, por supuesto,
Proyecto
Mirage, con su tema
‘Negative Heaven’,
relajándonos a las puertas del abismo, atrayéndonos con sus cantos de sirena,
para que penetremos en la oscuridad tras el pórtico que es el segundo
cd.
En éste,
los ritmos se van
difuminando
en la espesa niebla de un mundo ya conocido de dióxido y de infiernos
urbanos. Aún al principio escuchamos esos ritmos ruidistas, y las voces
desperdigadas en horizontes desolados; poco a poco, atravesamos el caos inicial
para quedarnos sin aliento con la
mejor parte del álbum: una
zona prohibida que rememora los mejores momentos del
Ambient y que nos destruye y reconstruye
paulatinamente. Tenemos entonces joyas como
Conscientia
Peccati, con un transcendental viaje a los ritmos perdidos y a
las melodías primitivas deterioradas por la polución y tenemos a
Deadlink, que ya nos deja completamente
perdidos en ese desierto de cajas decadentes. Campanas en mitad del vacío, tonos
apenas audibles y resonancias enfermizas, clicks y pads somnolientos, que
emulsionan la distancia de los años... (
Gacky, una forma muy adecuada de entender la
melancolía). En fin, la
riqueza tonal y rítmica de esta parte
del recopilatorio es inmensa, y puede proporcionar múltiples fantasías, todas
ellas oscuras y tristes, aunque tampoco exentas de sobresaltos y de movimiento
como con
Metanemfrost o
Dither.

Aislacionismo y
Dark Ambient
podrían ser las categorías para estos sonidos, si no fuera una auténtica
grosería por nuestra parte simplificar las cosas de esa manera. En el tercer cd,
el comienzo de
Griefer nos promete una
continuación de la tribulación y de la expresión más visceral con un tema muy en
la línea del
‘Wide eyes shut’ de
Kubrick o de los mejores
Cold Meat Industry. La senda queda así abierta
para penetrar ya en los abismos del
Noise y de la desacostumbrada pulsión de
los miedos y los deseos de caza.
Aural
Blasphemy o
Norm son un
paradigma a seguir en este terreno. Es
difícil destacar a
alguien, porque todos cumplen un
cometido excepcional y todos
reúnen la calidad necesaria para hacer de este tercer disco un monumento a la
conjunción de ruido, furia y lamento. No en vano, participa
Mago, artífice de
Sanctum entre otros proyectos y miembro asiduo
de la familia karmánika.
¿Qué más decir? Incluso el último tema resulta
exagerada e irritantemente adecuado, con un
Cordell
Klier invisible, desentumeciendo los finos alambres de la locura
a través del
Clic & Cut... Pura habilidad
manuística.
Por tanto, estamos ante un
recopilatorio
excepcional, que reverdece los laureles de la
experimentación y de la
belleza
expresada a través del incendiario ideal de los locos.
Locura no llevada a cabo desde la espontaneidad, sino
desde el trabajo, una obra iniciada por artistas pero acabada
por el recopilador, que reordena los mundos personales para hacer de ellos un
único instrumento arrebatador que nos conduce a través de
la máquina por
lo humano, por lo que habita en el interior y sólo se reencuentra desde
el ritmo y la melodía más primitiva. Al final, estos
ritmos
descompasados hechos por máquinas son los que están más cerca de la
percusión ancestral, y las melodías subterráneas, las que
enlazan con el cordel rugoso de nuestras raíces subconscientes. Y es desde el
viaje, por estas
tres puertas, por donde se
accede a uno mismo o a lo que de uno mismo se insinúa. Primero tenemos
la urbanidad, el
caos saturado de una caterva
de sonidos que nos vienen desde todos lados y en todas las formas, y siendo
atraídos por esta feria de
texturas polimórficas entramos en la
oscuridad anaranjada de un horizonte abandonado, en donde nos dejamos perder
para alcanzar ese abismo interior de
bruscos tonos
redimensionados. Acabamos sin pretenderlo en un laberinto hecho de
nosotros mismos. Esos ecos y ese vacío nos es conocido, se suele evitar, pero
reaparece por los recovecos de nuestro subconsciente.
El viaje está
consumado. Ya sólo nos queda volver a casa y aceptar que nos gusta eso
de jugar con los abismos.