Skinny Puppy. Son palabras mayores.
Hicieron
'The Process' en el
96, y el grupo se
desintegró.
Dwayne R. Goettel murió por
sobredosis. Tampoco se puede decir que
Skinny
Puppy fuera
D.R.Goettel, porque
la banda se creó en el
83, y éste no se les unió hasta el
86, y por detrás quedaban joyas como
'Assimilate' o
'Smothered
hope'...
Bueno, pues sin
Goettel se reunieron cinco años después para
el concierto de
Dresde, les gustó, les pareció divertido, y
para el
2004 tenían un
nuevo disco en la
calle:
'The Greater Wrong Of The Right'.
Y aquí estamos
ahora,
repitiendo una historia mil veces contada, un fenómeno
evidente que no debería de extrañar a nadie. Y es que, ¿cuánta gente se pregunta
si este disco que tiene entre sus manos (bueno, la carcasa, el disco está en el
reproductor, sonando) es realmente o
suena realmente a Skinny Puppy?
Pues todo el mundo. Y los que
más, los
fanáticos del grupo, que como buenos discípulos se
convierten ante cambios y crisis en escrupulosos
guardianes de las
escrituras, y no entienden lo que pasa, y se
rasgan las
vestiduras.

Algunos, escarmentados ante tan
frecuentes mutaciones
en bandas más que reverenciadas, no nos lo tomamos tan a pecho, porque es verdad
que ya nos la han dado de todos los colores, y si amamos realmente la música,
pues aceptamos lo que hay y nos disponemos a hacer lo que mejor nos conviene,
que no es otra cosa que
disfrutar de lo que se puede.
Y
esto es lo que hay:
Skinny Puppy o,
en esta ocasión,
Ohgr con la
colaboración de
Download. Pero dicho
esto sin acritud, sin mala conciencia, a sabiendas de que si siguen disfrutando
de lo que hacen, como parece que han empezado a hacer con este disco, volverán a
poseer una
identidad común, un proyecto personal e
intransferible; porque
no es una cuestión de
hacer lo
de antes, que por ahí no van los tiros, sino que se trata de alcanzar
un equilibrio, equilibrio deseable para el cuál algunos
se
desharían del productor
Mark
Walk, fantástico en lo suyo, pero demasiado apegado a
NiveK Ogre y a su anterior proyecto
Ohgr. (Acabamos de decirlo: no es una cuestión
de hacer lo de antes, tampoco, por ende, lo que antes hacía
Ogre o
Key.)
El álbum resulta entonces, bajo
estos factores, el
disco más comercial de
Skinny, con un sonido prístino y efectivo, una
voz menos ofensiva, unas
composiciones más convencionales,
cercanas entonces a los estereotipos del
Rock actual, aunque aún aliviadoramente
divertidas, con toques sutiles de
experimentación,
Splitters,
Cut-ups, algún que otro muestreo...
es decir, que se atisba la postura insatisfecha de
Cevin
Key, pero tal vez también se pueda columbrar cierta ansiedad en
la pareja, como si supieran lo que se jugaban y eso hubiera podido presionar
ligeramente, y el diletantismo no llegara a convertirse entonces en protagonista
absoluto.
Por supuesto que conserva la
actitud
ideológica, el sarcasmo y la irritación;
el desencanto
ahora es mayor, se ve la edad. El mensaje se torna ya compacto,
anti-sistema y
anti-republicano, también
abunda lo personal,
el nihilismo y
la pereza
propia de quien constata lo absurdo de vivir día a día, sólo con uno mismo. El
músico lo tiene aún más difícil, porque las convicciones se ven sacudidas
continuamente frente al compañero, que con las suyas propias nos conduce a
la certeza de estar solos.
La acción ya no goza de un
propósito. No se actúa para impactar y, con el impacto, imaginar que se están
cambiando las cosas; ahora, se intuye una
actitud más
existencial; se piensa: Voy a decir esto, aunque no creo que
sirva para nada. A veces, se accede al
desparrame
vocal, aunque se disfrace de nuevas tendencias urbanas, pero ya no es
con la energía espasmolítica de antes.
Por lo tanto,
'The Greater
Wrong Of The Right' deambula por los escenarios del pesimismo elocuente
y fecundo, gestando una curva formal que va desde los
temas
monolíticos del comienzo (
'I'mmortal' o la fantástica
'Pro-test') hasta las canciones más expresivas y emocionales
(
'Goneja' y
'DaddyuWarbash', ¿alguien ha leído
atentamente ese título?), dejando en medio esa línea combada que nos introduce
en sus rincones
más farsantes o cabaretísticos, todos ellos más
que respetables,
ninguno de ellos sobresaliente.