Es inevitable, con los grupos míticos siempre ocurre algo similar.
La salida de un disco nuevo se recibe con una mezcla de esperanza y escepticismo ante una posible decepción.
Pink Turns Blue ha superado la prueba con creces.
‘Phoenix’ es el resultado de su regreso al estudio de grabación después de una década en la que los miembros de la banda sólo se reencontraron para dar algunos conciertos en directo y editar el recopilatorio
‘Re-union’.
‘Phoenix’ supera la anécdota del reencuentro. Es, ante todo, una conjunción de
buena música, buenas composiciones y una evolución acorde a los tiempos, pero que no impide reconocer la esencia de una de las grandes formaciones de los ochenta.
La voz y las guitarras son los protagonistas absolutos de las atmósferas densas y melancólicas que se hicieron célebres con temas como ‘Your Master Is Calling’. El CD está cargado de declaraciones de principios como ‘The Lost Son’, ‘The Crusade’ o ‘Animal Life’ y de amores incomprensibles sin la melodía adecuada, como ‘Dynamite’ o ‘True love’.
‘Phoenix’ es la prueba de que Jogwer y sus músicos han aprendido bien el oficio. Se han convertido en arquitectos de composiciones en las que el equilibrio no está reñido con la capacidad de sorprender. Son capaces de combinar bases rítmicas a lo Joy Division con ambientes brumosos y guitarras contundentes o delicadas, según la ocasión.
La mezcla final es un trabajo apto no sólo para los incondicionales de la banda o del género, sino para cualquiera que se deje cautivar por la música de calidad y cargada de sensaciones. Los seguidores de grupos como Interpol o The Killers, salvando las distancias, quizá se encuentren con un disco a su medida. ‘Phoenix’ despierta, además, la curiosidad de qué podría ocurrir en directo. Habrá que cruzar los dedos y esperar.