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Jesús Palacios    
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      Autor de obras de culto como 'Planeta Zombi' (Midons Editorial, 1996), 'Satán en Hollywood' (Valdemar, 1997), 'Goremanía' (Alberto Santos Editor, 1995), 'Goremanía 2' (Alberto Santos Editor, 1999), 'Psychokillers' (Ediciones Temas de Hoy, 1998), 'Alegrame el día' (Espasa-Calpe, 2000), 'Nosotros los vampiros' (Oberon, 2002), 'Desde el infierno' (Oberon, 2004) y colaborador habitual sobre temas de literatura y cine fantástico en revistas como 'Nosferatu', 'Qué Leer' o 'Fotogramas' o en obras colectivas como 'La nueva carne' (Valdemar, 2002) o 'Imágenes del mal' (Valdemar, 2003), este madrileño nacido en 1964 que responde al nombre de Jesús Palacios es, sin duda, uno de los escritores más sugerentes del panorama literario en lengua castellana, ampliamente seguido y leído por numerosos apologetas del lado oscuro de la vida...y de la muerte.


SO.- Teniendo en cuenta que tu padre, Joaquín Palacios, fue el editor de la interesante 'Antología de la poesía macabra española e hispano americana' (Valdemar, 2000), ¿puede decirse que tu interés en temas oscuros de diversa índole pertenece a una suerte de tradición familiar de la cual eres actual heredero?

Jesús Palacios.- Efectivamente. Al contrario de lo que les pasa a muchos de mis amigos y colegas en el lado oscuro de la cultura, yo no tuve problemas familiares por mi inclinación hacia lo fantástico, lo esotérico y lo macabro. Mi padre poseía una bien nutrida biblioteca sobre estos temas, con todos los clásicos, y él mismo escribía sobre ellos en varias pequeñas revistas... Finalmente, los dos nos convertimos en fanzineros, primero con el fanzine 'Excalibur', dedicado a temas célticos y medievales, y después con 'El Grito', centrado ya en lo fantástico y macabro. Sin su ayuda estas revistas nunca hubieran visto la luz (aunque fuera luz oscura), pues mi padre maquetaba, corregía, escribía, etc., etc. Hasta su muerte, leyó todo lo que yo escribía y me ayudó a corregirlo y ampliarlo, además de trabajar él mismo en la antología que citas, y que apareció ya póstumamente... Le debo a mi padre lo que soy, pues no sólo no me puso pegas a la hora de dejar mi trabajo fijo y convertirme en escritor, sino que me animó a ello. La tradición oscura en mi familia se remonta ya a mi abuelo, que también era escritor, y la comparto con mi hermano, Federico Palacios, que es ilustrador, pintor, dibujante y grabador también muy inclinado a los temas macabros y fantásticos... Por todo ello, mis libros siempre, siempre, están dedicados a mi padre.


SO.- ¿A qué crees que se debe el perenne interés humano por el lado oscuro? ¿Piensas que se trata de un intento de correr el velo de Maya para vislumbrar qué hay más allá de lo fenoménico (es decir, lo aparente) o piensas más bien que el interés por lo oscuro obedece, al menos en nuestra cultura occidental, a una estructura maniqueísta en la que, tras tanto vendernos lo luminoso como lo bueno, se prefiere ahondar en lo oscuro (asociado en esa estructura con lo malo) por mera transgresión?

J.P.- Creo que la fascinación por el lado oscuro es un fenómeno inherente a la naturaleza humana, sea cual sea su nacionalidad, origen o cultura. Puede adquirir muy diversas formas, desde el interés por articular teorías místicas o esotéricas que den respuesta a la inquietud humana ante los fenómenos inexplicables, hasta ser "tan solo", un motivo, un tema, que explorar estéticamente... Generalmente, ambos elementos suelen estar presentes a la vez en las grandes obras oscuras. Pero es obvio que, desde que el ser humano se hace consciente de que está atrapado por lo contingente, y que la vida es un inevitable transcurrir hacia la muerte, busca una manera de pactar con ese conocimiento. La religión organizada es una respuesta siempre insatisfactoria para el individuo independiente y por ello se hacen necesarias otras maneras de enfocar las ideas sobre la vida y la muerte, sobre el más allá y el más acá. Por otro lado, el ser humano realmente "despierto" es también consciente de los impulsos agresivos y violentos de su propia naturaleza, y de cómo este reconocimiento es la única manera de controlarlos y convivir con ellos y con el resto de la sociedad... Naturalmente, existe también la posibilidad de tratar de ignorar la realidad de la muerte y la violencia, y pasar a formar parte del rebaño conducido pacíficamente al matadero. Pero eso es, precisamente, lo que caminar por el lado oscuro te invita a dejar atrás. Aprender a morir es aprender a vivir. Por ello quienes transitan la oscuridad se convierten en una suerte de transgresores o rebeldes. No porque pretendan serlo, quienes lo hacen buscando sólo eso suelen caer en lo superficial y reiterativo, sino porque cierta hipocresía social falsamente humanista y progresista, se escandaliza ante la crudeza de sus imágenes e ideas.


SO.- En tu libro 'Satán en Hollywood' (Valdemar, 1997) desvelas las conexiones satánicas que se producen en varios personajes (actores, directores, etc...) de la industria cinematográfica norteamericana. ¿Se produce el mismo fenómeno en el cine español?

J.P.- Desde luego que sí. Como decía antes, la necesidad de encontrar respuestas a las grandes dudas existenciales, que no pasen necesariamente por el trillado camino de la religión, al menos de las religiones "oficiales", es algo universal. El mundo del cine es, por otra parte, propenso a estas búsquedas, pues sus protagonistas principales, estrellas y directores, están acosados por un universo extremadamente competitivo, en tensión siempre ante el éxito o el fracaso, lo que impele a muchos de ellos a bucear en la magia, el ocultismo, el misticismo y demás hierbas, buscando apoyo y ayuda. Ocurre en Hollywood, y ocurre también en el cine español, donde hay muchas estrellas y realizadores que practican el budismo, la kábala, el misticismo de gurús como Sai Baba y otros, la santería afrocubana, el espiritismo, etc., etc. Escribir sobre ello me sobrepasa un poco, puesto que supone entrar a saco en un cierto periodismo amarillo y/o rosa, que afecta las vidas de gente muy próxima. Un 'Satán en Hollywood' a la española podría ser malinterpretado por sus protagonistas o, peor aún, por algunos lectores y por los medios de comunicación, confundiéndome con ese entorno rosa, que detesto en términos generales. Nuestro país no está acostumbrado a tomarse con humor y relativismo este tipo de libros, y las cruzadas emprendidas por algunos programas de televisión en estos meses contra famosos "miembros de sectas" o masones, lo demuestra.


SO.- En 'El crepúsculo de los ídolos', Nietzsche decía que el criminal no es más que el tipo del hombre fuerte situado en unas condiciones desfavorables, un hombre fuerte puesto enfermo y que lo que le falta es la selva virgen, una naturaleza y una forma de existir más libres y peligrosas, en la que sea legal todo lo que proceda del instinto. Tras las investigaciones realizadas para tu libro 'Psychokillers' (Ediciones Temas de Hoy, 1998), ¿suscribirías de alguna forma este aserto nietzscheano?

J.P.- Como tú bien dices, lo suscribo "de alguna forma". Hay algunos casos en los que ciertamente se siente uno inclinado a profesar hasta cierta "admiración" por asesinos en serie, cuya absoluta falta de sentido moral, cuyo estar "por encima del bien y del mal", parece tener algo de nietzscheano... En otros tiempos, bien hubieran podido ser guerreros e incluso líderes. ¿Qué distancia real hay entre Santa Juana de Arco y Gilles de Rais? Ambos oían voces que les impelían a matar, sólo que Juana lo hizo al servicio de dios y Gilles del diablo... La guerra, como sacrificio de sangre, libera la violencia y los instintos más básicos del animal humano, hace que sea aceptable lo inaceptable. Los marines que se convierten en caníbales en plena África o Latinoamérica, que torturan a los prisioneros musulmanes, cuando no a sus propios compañeros reclutas... ¿son menos humanos por ello? Yo creo que no: nada humano me es ajeno, y reconocer que la crueldad, la agresividad y la violencia son parte de nuestra esencia biológica y social me parece esencial para poder vivir no en paz, sino en la guerra eterna con uno mismo que sirve para construir la sociedad de derecho. Un armisticio necesario entre nuestros instintos creadores y destructores, que no siempre son sinómimo de pacíficos y violentos. Pero no hay que ir demasiado lejos. Nietzsche mal entendido y aplicado lleva al delirio irracional, como Marx al delirio racionalista y Freud al delirio sexual... Lo que uno aprende al estudiar a los asesinos en serie reales, es que la mayoría distan mucho de pertenecer a ese grupo "heroico" del guerrero amoral. Son enfermos, desgraciados y patéticos, cuya única manera de relacionarse con el mundo es a través de la violencia y la muerte. La sociopatía no es una filosofía más allá del bien y del mal, es una enfermedad aparentemente incurable, una patología gracias a la cuál quien la sufre puede cosificar a sus víctimas, destruyéndolas para su propia satisfacción siempre insatisfecha, que acaba arrastrándole a su propia destrucción. Ese sustrato nietzscheano que les hace atractivos lo ponemos en gran parte nosotros mismos, para exorcizar nuestros propios espectros psicóticos, pues aunque no es cierto que cualquiera pueda ser un psicópata, sí lo es que cualquiera puede llegar a actuar como uno. Personalmente, creo que convertir a los asesinos en serie en tema de indagación estética y moral es fundamental, porque son nuestro espejo oscuro. Es triste que se intente todavía vender su imagen como la de "monstruos", seres "inhumanos", que nada tienen que ver con nosotros, pues de esa forma, nunca se entenderá cómo son y qué hacer con ellos. El infierno no son, como decía Sartre, los otros, sino (nos)otros.


SO.- Tus más que aparentes simpatías hacia la subcultura gótica te llevaron a publicar un libro pionero en España sobre el tema titulado 'Nosotros los vampiros' (Oberon, 2002) donde realizabas una jugosa entrevista a una representante modélica de esta tribu urbana. ¿Qué opinión te merece la escena gótica nacional desde el punto de vista musical, literario y artístico en general?

J.P.- Obviamente, de todas las llamadas "tribus urbanas" que pululan por el panorama musical y de la cultura pop, teniendo en cuenta mis aficiones, la que más podía interesarme era la gótica o siniestra. Me encanta que la gente, sobre todo si es joven y hermosa, rinda culto a la oscuridad a través del vestuario, el maquillaje y los gustos estéticos. Creo que el negro es sexy, y que el culto a la muerte y lo oscuro es una gran señal de vitalidad y erotismo sublimado. Es curioso observar cómo una legión de góticos en la noche madrileña o de cualquier otra ciudad, alegra el ambiente, lo llena de gracia y exotismo, mucho más que la presencia de otros grupos urbanos. A pesar de los incidentes aislados, los góticos son muchos más tranquilos y pacíficos que los neohippies, los punks, mods, rockers, bakalaeros y demás... Más atraídos por cultivar la música, la literatura, el cómic... Pero no me llamo a engaño: la mayoría de los góticos son adolescentes en mitad de una moda pasajera, aunque para mí preferible a otras. Pienso que también está bien que la mayoría abandonen el goticismo estricto para integrarse en las obligaciones de la vida adulta... Al menos, alguno de ellos seguirá simpatizado y cultivando el lado oscuro. Naturalmente, también están los freaks que no saben distinguir la realidad subjetiva de la objetiva, con el peligro que eso conlleva de convertirse en pesados carcamales. Un ejemplo de todo lo contrario es la vampira de mi libro, Mari Ángeles, que no ha abandonado la noche gótica nunca, y a la vez es una profesora seria y responsable.


SO.- ¿Podrías indicarnos qué grupos musicales de los denominados góticos o siniestros son los que más te gustan o interesan? ¿Por qué esos precisamente?

J.P.- Generacionalmente, me siento muy ligado a los primeros tiempos de la música gótica inglesa. Yo crecí y maduré a finales de los años '70 y los primeros '80, pasé de ser mod a una postura más independiente y muy cercana al technopop y lo gótico, a través de la new wave británica, así que se me sigue poniendo la carne de gallina cuando escucho a los Damned, los Cure, Siouxie Sioux, Lene Lovitch, Kate Bush, Bauhaus, Joy Division, Stranglers, Lords of the New Church, Sisters of Mercy, Depeche Mode, Classix Nouveau, Visage, Billy Idol, y cosas así... Me fascina también el rock´n roll oscuro americano, gente tan diversa como Alice Cooper, Dr. John, los Cramps, los Violent Femmes, Aerosmith (le tengo mucho cariño al único grupo de psychobilly español que sigue y sigue como los conejos duracell: Los Lobos Negros, que tienen muchos temas oscuros y dedicados al cine de terror) y la conexión heavy+metal+rock sinfónico+esoterismo: Black Sabbath, Led Zeppelin, Blue Oyster Cult, Hawkwind, Motorhead, Kiss, Ozzy Osbourne... En los '90 caí bajo el embrujo de las mezclas postmodernas de Marilyn Manson, Rob Zombie y Trent Reznor con sus Nine Inch Nails, que integran todo lo que he citabo bajo el reciclaje del neogótico postindustrial con un poco de todo (noise, heavy, techno, hardcore, glam...). Me hacen gracia grupos algo menos conocidos como Christian Death o Sex Gang Children, que remiten a Bowie y el glam. De hecho, mi estilo favorito e inmortal es el glam es su periodo glorioso del 71 al 74, año arriba o abajo. Creo que ahí empezó todo, con Marc Bolan y T-Rex, Bowie, Roxy Music, Cockney Rebel, Brian Eno, Gary Glitter, Slade, Sparks, The Sweet, Suzi Quatro... De ahí, que simpatice también con gente como Suede, Pulp, Placebo, Elastica u otros del britpop cercanos al glam. De la onda realmente gótica y metalera alemana, me llegan Rammstein, pero reconozco que no es lo más próximo a mí, no tanto por gustos como por ignorancia generacional. En cualquier caso, creo que lo peor es la cerrazón y la intolerancia. Entiendo lo gótico más como lado oscuro que como un compartimento cerrado, y puede encontrarse tanto del lado de una supuesta ortodoxia (Craddle of Filth y gente así) como de la más extrema heterodoxia (el blues de Robert Johnson, la psicodelia garagera de los '60, el gélido electro y el dance contemporáneo...). Por eso considero a Marilyn Manson un genio, por su capacidad para integrar influencias musicales heterogéneas pero marcadas por su luminosa oscuridad, de Alice Cooper a Eurythmics.


SO.- ¿Crees que asistimos actualmente a una trivialización de lo gótico con la aparición de tantas bandas que se suben al carro de ese estilo y que por el mero hecho de vestir de negro y aludir un poco en sus letras a la melancolía ya creen que respetan el espíritu de lo oscuro? Me refiero, claro está, a grupos como HIM, The Rasmus o Evanescence y otros productos del marketing...

J.P.- Como te decía antes, no creo que haya que cerrarse a nada. El fenómeno de la "comercialización" o el "ablandamiento" de una corriente musical pop que vende, tiene fans y produce beneficios, es algo lógico y característico de la cultura del rock. Es inevitable. Al punk y el power pop les siguió el blandipop y el chicle. A la música electrónica pura y dura de Eno, Tangerine Dream o Kraftwerk le siguió el technopop y finalmente hasta el house... en todas partes hay buenas canciones y gente interesante. Productos de marketing de antaño hoy son mitos (pienso en los Monkees, por ejemplo, o los Archies), y no hay que mostrarse excesivamente indignado por el surgimiento de productos masivos como HIM o Evanescence, que, en cierto modo, demuestran cómo el lado oscuro, aunque sea más gris que negro, llega a todas partes y a todo el mundo... ¿No tiene cierta gracia oír de repente un single operístico y melodramático como el de Evanescence sonando en el vídeo de la boda de un conocido? Es una experiencia real que me ocurrió hace poco, y realmente divertida, ver a una pareja superburguesa y de gustos estandarizados, ilustrar su tópica boda con una canción gótica, por descafeinada que sea... Además, los mismo grupos y artistas se cansan de su propio esoterismo. También Rammstein o Manson se han hecho más asequibles con los años, igual que Prodigy o Chemical Bros., y recuerdo cuando Talking Heads se quejaban de que Brian Eno no les dejaba hacer canciones bonitas... Todo tiene su tiempo y su lugar, y, por ejemplo, la versión de 'Don´t fear the ripper' de los Blue Oyster Cult que hace HIM me parece muy lograda. Además, a todo movimiento pop hay que ponerle un contrapunto frívolo, que pueden ser las plumas y el maquillaje de The Rasmus, plagiados del viejo Adam Ant, el aire gay de HIM o el wagnerianismo barato de Evanescence... Todo ello contribuye a desengrasar algo que a veces la gente se toma demasiado en serio, convirtiéndolo en ortodoxia y academia, pretendiendo aplicar a algo mestizo y bastardo como el rock, gótico o no, categorías totalitarias y reaccionarias impropias de un fenómeno pop y moderno. Entiendo que los góticos más jóvenes se enfaden, forma parte de la "attitude", como dicen los anglos, pero es algo que se cura con la edad...


SO.- ¿En qué proyecto literario andas inmerso actualmente? ¿Podrías adelantarnos algo en exclusiva?

J.P.- Acabo de publicar un libro nuevo, coordinado en colaboración con el también escritor y crítico de cine Antonio Weinrichter. Se llama 'Gun Crazy. Serie negra se escribe con B', y es una recopilación de textos sobre el cine negro americano de Serie B de los años 40 y 50. Naturalmente, hay varios textos míos y de Weinrichter, pero también colaboran autores como Quim Casas, Jorge Gorostiza, José Antonio Hurtado, Carlos Losilla, Hernán Migoya, Antonio José Navarro o Francisco Ponce. Además, hay textos inéditos de Borde y Chaumeton y de Paul Schrader. Para los fans más oscuros destacaría un texto de Roberto Cueto sobre la música de las películas de la época, que demuestra el papel "secundario" del jazz y el peso de la tradición de la música romántica alemana en el género; un texto inédito de Anton LaVey, el fundador de la Iglesia de Satán y amigo de Marilyn Manson, sobre sus películas de serie negra favoritas, o los textos sobre Edgar G. Ulmer, Fritz Lang, Jacques Tourneur y Joseph H. Lewis, en los que también se habla de cine fantástico y de terror... Ha sido editado por T&B, en colaboración con el Festival Internacional de Cine de Las Palmas, que ofreció un ciclo de pelis complementario. Por mi parte, ya en exclusiva, estoy terminando una biografía de Erik Jan Hanussen, el mago de Hitler, asesinado por los nazis en 1933. Es un personaje fascinante, en el que se mezclan el mundo del ocultismo, el teatro de variedades y el circo, el cine llamado expresionista, el nazismo y el esoterismo. Llevo más de año y medio trabajando en él, metido hasta el cuello en el cine mudo alemán de Lang y compañía, en las relaciones de los nazis con el esoterismo y en el delirante universo de los hipnotizadores e ilusionistas de feria, circo y variedades. Como casi siempre, la realidad supera a la ficción. Espero que esté en la calle a finales de este año, editado, como 'Nosotros los vampiros' y 'Desde el infierno', por Oberon.


SO.- Gracias por el tiempo que nos has dedicado y esperamos con avidez tus próximas producciones literarias... Por último, ¿querrías añadir algo más para nuestros lectores de Sonidobscuro?

J.P.- Sólo una última reflexión. Caminar por el lado oscuro no debe ser, como piensan quienes lo ven desde fuera, una negación, sino una afirmación de la vida. Saber encontrar la belleza en el horror, la diversión en la tristeza, la comedia en la tragedia, el bien en el mal, la fantasía en la realidad y la realidad en la fantasía, es saber vivir la buena muerte.



Entrevista realizada por: Loftur  [Sonidobscuro Staff] - [MAY:05]

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