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Laibach en Madrid, España [18:MAY:05]    
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imagen diseñada por: Marmagenta



      Los que estuvimos en Sala Copérnico el pasado día 18 de mayo podemos asegurar que el concierto de Laibach fue todo un acontecimiento. El anuncio de una fecha en Madrid, que no estaba prevista en un principio, fue una sorpresa para la audiencia madrileña y un regalo para los que vivimos en provincias y no podemos trasladarnos a otras ciudades más lejanas para ver conciertos. Así que, más por el boca a boca que por la propia publicidad, el hecho es que hubo un lleno total.


Hay gente que opina que la Sala Copérnico no era la más adecuada para este espectáculo. Mi humilde opinión es que, teniendo en cuenta el panorama de salas de conciertos en Madrid (que sean de medio aforo, con buenas instalaciones y dispuestas a acoger este tipo de música), la Copérnico me parece una opción más que aceptable. Si bien Laibach se habrían lucido más en un escenario algo más grande, la proximidad con el público resultó emocionante y muy agradecida.

Permitidme hacer ahora un poco de crónica social también, y es que fue curioso comprobar la capacidad de convocatoria del grupo esloveno. Allí se congregó todo el mundo: gente muy implicada en la escena oscura madrileña y nacional, dueños de conocidas tiendas especializadas, los mismísimos Aviador Dro al completo y hasta el televisivo Mario Gil, que no dudó en lucir su flamante camiseta de Laibach al día siguiente en Tele5.

En los momentos previos al concierto, un atmosférico ritmo de tambores caldeaba el ambiente como un latido lejano. Pasadas las 10 de la noche, el himno de Eurovisión anunció el comienzo (me pregunto con qué música iniciarán los conciertos de E.E.U.U.). La formación: batería, guitarra, bajo y teclados/programación; tras ellos salió el cantante con su ya famoso tocado de patrulla del desierto, provocando el gozo y acongojo del personal con su rotunda, cálida y sin embargo, escalofriante voz.

Hay que recordar que los componentes de Laibach son miembros anónimos subordinados al proyecto del Nuevo Arte Esloveno (NSK), con estrategias de corte comunista y estética de totalitarismo ambiguo. Sin embargo, sobre el escenario pudimos ver a unos excelentes músicos, y aunque gran parte de los sonidos estaban pregrabados, también nos deleitaron con dos cortes instrumentales de transición totalmente en vivo: el segundo especialmente intenso hasta rozar el noise y poner la carne de gallina.

Entre los temas que sonaron,  la práctica totalidad del penúltimo álbum WAT junto a otros temas anteriores como “God is God”. Y pese a confirmarse su giro hacia la electrónica, en directo se permitieron arreglos de guitarras muy bien encajados, y el sonido en general fue impecable. Mención especial merece la puesta en escena: el juego de luces espectacular; tras el grupo una pantalla en la que se proyectaban imágenes para la reflexión, desde maquinarias y desfiles hasta metáforas cósmicas del hombre y la libertad. Por supuesto, las dos preciosas tamborileras walkíricas (¿o cómo las definiríais?), con trencitas rubias y fez tunecino, colocadas simétricamente a ambos lados del cantante, cumpliendo con disciplina su cometido, que consistía básicamente en disimular que los coros estaban grabados. Y cómo no mencionar a ese pedazo de cantante, que enseguida desnudó su torso para mostrarse como el perfecto paradigma del hombre-miembro-del-sistema, camarada hierático y eficaz.

Tras una hora de concierto llegó un pequeño descanso, al que siguió un bis fantástico, en el que Laibach sólo interpretó versiones. Al contrario que para otros grupos, hacer versiones no es un mero divertimento para Laibach. Las canciones son cuidadosamente escogidas por sus mensajes, hasta tal punto que las absorben y consiguen hacerlas propias. Así nos deleitaron con “Mama Leone”, transformada en una agridulce nana proletaria, “Simpathy for the Devil” de los Rollin’ Stones, “One Vision” de Queen y la más aplaudida por el público, “Life is Life”. Por mi parte eché de menos “Jesuschrist Superstar”, pero es que yo soy muy peliculera…

Los últimos compases fueron para un bailable remix que sirvió de fondo para una despedida somera, en la que los miembros de Laibach abandonaron ordenadamente por turnos el escenario, sin concesiones simpáticas.

Y no volvieron a salir más, que ellos son muy marciales y no se ablandan con peticiones de civiles. Pero a nadie le importó demasiado, porque esa es la filosofía de Laibach. Sus fans lo saben y todo el mundo quedó más que satisfecho.




Concierto Comentado por: Marmagenta  [Sonidobscuro Staff]
Fotografía por: Marmagenta  [Sonidobscuro Staff] # Javicicleta  [Sonidobscuro Staff]

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