Si bien es cierto que la escena en
Argentina crece día a día,
que ha tenido y tiene visitas internacionales de importancia, que hay muy buenas
fiestas, que hay recitales de artistas locales y que ellos son cada día
más reconocidos en el exterior y un largo etcétera de consideraciones
que no terminaría más, también es real que hasta el momento
nunca se había organizado un concierto con formato de festival con todos
los aditamentos que implica el acontecimiento. Y de eso se trató el
Gothic
BA Fest 2004 que contó con la actuación de
Wayne
Hussey, líder de
The Mission,
y de los locales
Crucifix Nocturnal Christians,
Melmoth y
The Flood of
Tears.
Había muchas expectativas, tantas que el público se hizo presente
muy temprano en las puertas de
El Condado, una sala muy adecuada y preparada
para este evento, ubicada en una de las zonas más concurridas de la
Ciudad
de Buenos Aires.

Una
hora más tarde de la apertura, con mucha gente dentro y mucha otra esperando
para entrar, comenzó a sonar una breve melodía introductoria que
alentó al público a acercarse al vallado que estaba frente al
escenario,
The Flood of Tears hizo su aparición.
Integrada por músicos jóvenes y muy talentosos, deleitó
por más de 40 minutos con un sonido
gothic rock
/
darkwave clásico, con
evidentes influencias de
Bauhaus,
The
Fields of Nephilim y del
Sisters of Mercy
de finales de los ochenta: la máquina de ritmos golpeando, los riffs
de las guitarras desgarrados, el bajo creando una atmósfera densa casi
impenetrable y las irrupciones de la profunda voz del cantante
Lyonel
Flood. Sangre nueva, con un futuro muy promisorio y que, con seguridad,
pronto escucharemos hablar de ellos… aquí, allá y más
allá.
La gente había entrado en calor, empezó a recorrer los stands
de sellos discográficos nacionales, indumentaria y accesorios, merchandising,
libros, etc., que había diseminados en un sector de la sala, mientras
los djs matizaban la espera de la próxima actuación con esos temas
que apelan a la memoria emotiva -
"Giving Ground" de
Sisterhood
o
"E.S.T. Trip to The Moon" de
Alien Sex Fiend,
por citar un par de ejemplo-.

No
pasaron más de 20 minutos, cuando las luces indicaron que era el turno
de
Melmoth, una de las propuestas más
ambiciosas de la escena oscura argentina, no sólo en cuanto a lo musical
sino también respecto de la imagen, vestuario y mise en scène.
Reemplazando las bases rítmicas pregrabadas por una batería en
vivo (comandada por
Gustavo Falcone), sumados
un bajo y un pequeño coro compuesto por dos sensuales señoritas,
Karen Sudnius y
Pablo
Almejún desplegaron su histrionismo y teatralidad en cada
uno de los temas que interpretaron, algunos pertenecientes a lo que será
su álbum debut.
El show fue compacto, equilibrado, melancólico, con contrapuntos vocales
estupendos y sobredosis de
electrodark.

A
los que estaban ahí, según los comentarios, les pareció
una eternidad el tiempo que transcurrió entre el final de este show y
el próximo, en realidad fueron pocos minutos, pero la ansiedad ya había
dicho presente. Sucede que la presentación de la tercera banda era muy
esperada. Había pasado casi un año de la última actuación
en vivo de
Crucifix Nocturnal Christians en
Buenos Aires. De pronto los murmullos dieron paso a un silencio sepulcral,
todo quedó en penumbras, el humo se apoderó del escenario y una
luz tenue recortó las siluetas de los tres integrantes…
CNC
estaba de regreso. Las voces gregorianas sampleadas del comienzo de
"Hire
and Hide It", uno de los cortes de su último disco
"Circus
of Angel", arrancó los primeros aplausos. Y todo se hizo luz,
apareció la programación de baterías que mueve piedras,
el rítmico bajo de
Jorge Salvador, la
guitarra rayana con el
metal de
Marcelo
Zoanni y la sensual voz de
Alejandra Mucaled.
Fueron 45 minutos enérgicos, fluctuantes, de pasión, de pecado
y de oscuridad, sólo de temas que componen su última producción.
Y finalmente llegó el gran momento, ese por el cual todos se habían
congregado, por la visita internacional… La sala se congeló, las
luces una vez más desaparecieron del escenario, tan sólo se veía
la danza arrítmica de la flama de una vela, y apareció
Wayne
Hussey de la mano de su curvilínea mujer como guía.
El calor de la gente derritió la atmósfera álgida y todo
fue fanatismo.

Acompañado
de su guitarra acústica, una perpetua botella de vino tinto que no la
dejó ni a sol ni a sombra y los infaltables anteojos negros, el cantante
de
The Mission abrió el show con
"Raising
Cain". Estaba intacto, si bien los años le habían tatuado
un poco el rostro, su voz seguía siendo la misma, la de siempre, la hipnótica.
Los que imaginaban -entre los cuales me incluyo- que el show sería sin
ritmo, tuvimos que revertir nuestra opinión. A medida que iban pasando
los temas, algunos piano mediante, como por ejemplo una seguidilla de hits propios
(
"Wasteland",
"Like a Hurricane",
"Stay
With Me",
"Into the Blue",
"Severina",
"Beyond The Pale") y covers memorables (
"A Night Like
This" de
The Cure,
"My Funny
Valentine" de
Frank Sinatra o
"With
or Without You" de
U2),
Hussey
puso de manifiesto su carisma y encanto, metiéndose al público
literalmente en el bolsillo. Lo que llamó la atención -gratamente
por cierto- fue el tinte intimista que le imprimió al recital, como si
estuviera tocando a pedido de cada uno de los presentes.
Cerró las dos horas y unos minutos de show con una versión muy
arreglada de
"Butterfly on a Wheel", tomó su botella
de vino, su guitarra y se despidió diciendo
"Nos vemos muy pronto".
El aplauso fue general. A partir de ese momento, la noche empezó a agonizar
musicalizada por los sets de los djs invitados. Se cerró un capítulo,
el del
Primer Festival Gótico de Argentina.