Llegamos a la sala
Mephisto a las 21.30, tras haber
dado numerosas vueltas a través de Poblenou, pensando que habríamos perdido
la oportunidad de ver a
Circe. Sin embargo al
entrar, se nos dijo que el concierto acababa de comenzar. Nos adentramos en
la sala, pasando detrás de la artista por el pequeño pasillo que separa la puerta
de la sala en sí, para vernos envueltos en una voz melancólica y suave.
La
sala no estaba muy llena, aunque a lo largo del concierto debieron aparecer
unas 15 o 20 personas más, llegando a un total de unas 60 personas. El ambiente
era uno de familiaridad, a la que nos sentíamos un poco ajenos. Se notaba en
el ambiente así como entre los grupos.
Circe consiguió lo contrario
que la referencia de su nombre, y en vez de convertirnos en fieras, nos elevó
hacia una plácida armonía. Canciones oscuras, sobre los que todo el trabajo
era en base a su voz. Empezó lejana y consiguió hacerse con el público a través
de un par de gestos. Los temas, cantados en castellano, tocaban temas como la
rabia, el dolor y algunos tenían matices muy irónicos.
Quizá algunas frases muy prototípicas. Por poner una referencia, y hablando
desde mi ignorancia, Circe me recordó (y no
sólo a mí) a algunos toques del grupo catalán Fang.
Hay que decir que acabó con un tema a dos voces con la que es miembro de Nový
Svêt, Flr. Tost, con mucha calidad
y de una gran belleza.
Tras una pequeña pausa, subieron al escenario
los componentes de Ô Paradis. Un teclista, que,
sorprendentemente y en contra de lo que se está convirtiendo en norma, tocaba
ciertas melodías en vivo. Un cantante con un atavío que recordaba al de un marinero
o un pintor que se desenvolvía de manera excelente sobre el escenario, con soltura
y naturalidad; podía enganchar con una sonrisa y luego llevarlos hacia los abismos
de su música. ¿Cosas negativas?, el uso infrecuente de un timbal, que parecía
estar más de decoración, y quizá el ambiente familiar que se desenvolvió al
presentar al valiente promotor, el Capitán Embudo.
¿Positivo? Todo lo demás. La verdad es que el directo de Ô
Paradís es compacto y coherente, dulce y tenebroso. Los temas
son como nanas que hilvanado desde el neo-folk
hasta el pop oscuro, sin tener miedo de hacer
guiños a ritmos tradicionales, te llevan en brazos con una calidad excelente.
Demian
no niega que sus influencias son las del la escena dark
folk, con una pegatina de Current 93
en su guitarra, pero fácilmente podía colarse entre las canciones de pop
tranquilas, entre las canciones de cuna y
entre los temas fetiche para siniestros convencidos. Una música especial
y envolvente, con referencias al mar, a la soledad y a los largos caminos. Por
otra parte, quizá el gesto que más me gustó fue el de quitarse los zapatos...
parecía hecho por necesidad, una orden interna, algo incontrolable, y a la vez
dócil y necesario.
También terminaron con un tema a dúo, aunque en mi opinión
no deberían. No parecía que hubieran podido ensayarlo a conciencia, y las voces
de Ô Paradis y Nový Svêt
iban a desacorde. Era más un tema de unión que puramente musical.
La pausa se alargó en la sala y la gente empezó a entremezclarse
y conversar cuando por fin subieron al escenario los miembros de Nový
Svêt, acompañados por Demian. La
verdad es que como presentación, es interesante. Su interés parece primordialmente
la música. Su estilo es no tener estilo, unos trajes simples y cómodos
y los tres descalzos. Sobre este concierto he de decir que estaba condicionada.
Mis opiniones rozaron la absoluta admiración y la más exagerada aversión. Con
algunos sonidos recurrentes: ruidos, pájaros y ciertas melodías rotas,
saltaban desde canciones de industrial ambiental (pensamos
en Haus Arafna, por ejemplo), hasta ruidismo
rítmico de muchísima calidad y muy bien construido sobre diferentes
secuencias y arropado por los sonidos analógicos del bajo (pensamos en Atrax
Morgue, cosas de Noisex, sonidos
a lo Needle Sharing, incluso) hasta temas que
rozaban la estructura del pop. Increíble
cantidad de sonidos que arrastraban al oyente desde un estado al siguiente,
sin cesar.
Todas
las voces en castellano. Eso me pareció un impedimento, a veces, ya que la naturalidad
que quería expresar el cantante, J. Weber, prendado
de ira y gritos (pensamos en las imágenes de Throbbing
Gristle) se veían enclaustradas por la necesidad de tener que leer
muchas de las letras de los temas. El castellano se convertía en un impedimento
más que en un placer y daba cierta sensación de incomodidad. Aunque, tendrán
sus razones para elegir este idioma... Temas muy buenos y temas insoportables
atravesados por los embudos que acabaron por el suelo del Mephisto.
El tema que unió a Nový Svêt
y Ô Paradis al finalizar este concierto sí fue
uno que combinaba la fuerza de uno y la dulzura de otro, convirtiéndolo en una
canción realmente sobresaliente. Un concierto interesante.