Domingo 21 de marzo. En un día primaveral, la visita de
The Gathering llega como brisa necesaria a la capital, tras su última visita hace casi un año. En esta ocasión no se adelantan al horario de inicio como hicieran la última vez. Al contrario, una larga cola se concentra en las puertas de la
Sala Caracol que ya se queda pequeña para un grupo tan grande.

Los primeros en tocar son los
catalanes Angels. Al parecer, y como comenta su cantante femenina, se trata de un proyecto paralelo de un grupo de
rock duro llamado
Lilith, reunidos para la ocasión en una formación con pretensiones más bien
melódicas y con temas de ritmos lentos, bastante
poperos. La cantante se mueve y gesticula en el escenario y no le falta carisma, pero el público está demasiado impaciente por ver a
Anneke. Esto sumado al desconocimiento general de los temas, hace de este inicio un mero calentamiento antes de la aparición de los
holandeses.

A eso de las 10 de la noche aparecen
The Gathering sobre el escenario, con un recibimiento realmente cálido, algo que sería la tónica general en la reacción del público. Y es que no puede ser menos cuando se escucha la perfecta
voz de ángel de
Anneke Van Giersbergen interpretando temas de toda la discografía del grupo, desde
Mandylion hasta su más reciente directo,
Sleepy Buildings. Personalmente, y debido al lanzamiento de este último álbum semiacústico, creía que el concierto se ceñiría únicamente a una interpretación tranquila y carente de artificios. Al contrario, muchos de los temas estuvieron inspirados en el directo y se basaron en la esencia de
melodías de piano,
limpios acordes de guitarra y la maravillosa voz de esta diva, pero también incluyeron temas recientes, entre ellos algunos temas de
Souvenirs, donde se dio más protagonismo a los efectos de guitarra y al éxtasis instrumental, sonado el grupo en conjunto de forma muy intensa y compacta.

Temas como "
Amity" o "
Saturnine" son capaces de conmover y crear una atmósfera indescriptible en la sala, con una intensidad tal, que el auditorio apenas intercambia palabra alguna ante el hechizo de esta banda. Sólo cuando terminan las canciones se puede apreciar el estallido de júbilo que flota en este ambiente. "
Travel" se une a este paraíso sonoro como regalo a cierta parte del público que muestra un cartel con esta canción como sugerencia. "
Red is a show colour" o "
Like fountains" se incluyen en un repertorio variado, donde se pasa desde temas interpretados únicamente por la voz y el piano a otros mucho mas contundentes, amparados por la saturada distorsión de la guitarra y el uso de efectos electrónicos en sus bases. "
Even the spirits are afraid" y "
Souvenirs" fueron las muestras que incluyeron de su último álbum de estudio hasta la fecha, temas con los que ya nos sorprendieron el año pasado.
Decir que el final del concierto fue una continua sucesión de emociones. Tras una hora y cuarenta minutos de concierto, y gracias a la entrega del público, el grupo volvió a salir a escena para cerrar un concierto de dos horas con un final memorable: aumentando la intesidad hasta límites insospechados para retornar a la sensualidad y tranquilidad inicial cuando inevitablemente se esperaba un final potente con
Anneke y el guitarrista de rodillas frente al público desgarrando notas de sus guitarras.
En definitiva, un concierto inolvidable, de esos que marcan y que se espera repetir en el futuro. Es una delicia ver el carisma que desbordan la sonrisa y los gestos de esta chica.