Dentro del marco de lo que sería la última
fiesta del año del programa de radio “
La Misión de Los
Eternos”, los
Lamia pondrían el
broche de oro a un año de lo más auspicioso. Un año en el que han editado su
álbum debut, “
Dark Angel”, del que han recibido
muy buenas críticas
de revistas, programas radiales y webzines de los más variados puntos del mundo;
en el que su CD ha sido licenciado primero en
Alemania y luego en
Rusia
y en el que fueron soportes de
Clan of Xymox en
el cierre de su gira sudamericana.

En
fin, un 2003 lleno de logros y expectativas, y por qué no sorpresas. Una de
ellas fue la confirmación de su primera gira europea a fines de
Julio de
2004. La otra, fue más cercana en el tiempo y ocurrió el
sábado 06 de
Diciembreen la
Fiesta de los Eternos.
Si bien ya sabíamos con antelación que se trataría de un
concierto
especial, con obras de repertorio clásico, creo que pocos imaginaban lo
que iba a ocurrir esa noche. En el acogedor ambiente de la
Casita Colonial, sin escenario, la gente se sentó en el piso alrededor
del piano, sin micrófonos, amplificadores ni sintetizadores. Sólo un candelabro,
un piano,
Juan Andrés y Cali.
Y la magia se hizo presente. Con un
récord absoluto
de gente, los 2 salones contiguos se colmaron enseguida, así que muchos tuvieron
que optar por escuchar solamente desde el patio, los pasillos, incluso algunos
bajaron a la calle para escuchar la
increíble voz de
Cali
que volaba suavemente por los balcones abiertos.
El concierto fue
un lujo. Irreprochable. Desde la elección de las obras
(una más exquisita que la otra) hasta la sobria pero apasionada interpretación
de
Juan en el piano. Todo el mundo seguía atentamente
el orden de los temas en los programas repartidos en la entrada (todo un detalle).
El comienzo fue con un aria de una cantata de
Vivaldi,
e inmediatamente quedó bien claro que
la buena música no sabe de idiomas,
nacionalidades o culturas. A muchos se nos puso la piel de gallina a
medida que se sucedían estas bellas perlas:
Mozart, Shubert,
Schumann, Grieg eran magistralmente revividos.
Pero me tengo que detener en la mayor perla de la noche:
Cali
brilló con luz propia ¡Qué voz! Realmente hay que escucharla en vivo para
tener una idea más aproximada de lo que es capaz.
Dulzura, delicadeza y potencia,
según lo requiriese cada autor. Y no me queda otra que recurrir al trillado
“
cada día canta mejor”. Impecable.

Personalmente, me quedo con la última parte del recital, con obras de
Ravel,
Fauré (¡increíble!),
Tchaicovsky, Reger.
Mención especial para otro de los lujos de la noche cuando presentaron “
Im
Fruhling”, con la presencia de su autor
Pablo Falak
entre el público. Sin dudas de lo mejor del concierto.
Cuando llega el último número con la “
Elegie Nº 2”
de
Massenet, nos sorprenden con dos versiones
bellísimas de “
Dark Angel” y “
Peccator” de su propio álbum. Al
fin, y por si fuera poco, pudimos escuchar en exclusiva un tema de lo que va
a ser el próximo trabajo de
Lamia, y esta vez
sí la
electrónica se abrió paso en la pista
donde sonó “
Laudeamus Virginem”.
Así culminó este concierto especial de
Lamia,
con muchas sorpresas y muchas puertas abiertas. Aunque los que conocemos más
de cerca a
Juan Andrés y a Cali, sabemos (o
creemos saber) lo que son capaces de dar. Sólo tengamos paciencia, que en este
caso la espera bien vale el resultado.
Luego de esa hora de increíble belleza, todos nos fuimos a
quemar las pistas de la
Casita, incluso hasta
que el sol hizo estragos en nuestros corazones nocturnos. Pero algo que ni el
sol pudo quitarnos era el haber presenciado un concierto impecable, de una calidad
infrecuente, inolvidable.
Gracias Lamia. ¡Que se
repita!
[Visita
la Galería de Fotos]