Por fin tuvimos en
Barcelona
la oportunidad de ver la presentación en directo de "
Symbol of Life",
el último disco de
Paradise Lost, con
el que vinieron a principios del
2003 de gira por España, aunque
en aquella ocasión no se dejaran caer en la Ciudad Condal.
12
de noviembre del 2003, lugar: Sala Razzmatazz
2, vestida de negro para la cita, en la que Paradise
Lost vinieron acompañados de dos bandas teloneras, los barceloneses
Onírea, (a los que parece que sólo
se les puede ver en directo en grandes ocasiones como esta), y los suecos Deathstars,
grandes desconocidos en España, que
vinieron en sustitución de Godhead,
quienes días antes se vieron forzados a anular su gira como teloneros por una
lesión de su batería.
Puntuales salieron al escenario Onírea,
con una formación completamente nueva, a excepción de su cantante,
Alberto Bravo, que junto a Carlos
Muñoz (bajo), David Sàez (batería)
y Carles Pérez (guitarra), sorprendieron
a propios y extraños; si bien al principio su presencia en el cartel no convencía
a muchos, el grupo se encargó de encandilar al respetable con su enérgica
puesta en escena, que no dejó indiferente a nadie.
Onírea
mostraron su faceta más rockera en
esta ocasión, aunque en algunas de sus canciones siguen contando con el añadido
de bases programadas, si bien éste es un aspecto que dejan algo más de
lado: la verdadera energía del grupo viene de sus cuatro componentes, y de las
"tablas" que mostraron encima del escenario.
Ejecutaron un repertorio que, aunque compuesto en su práctica
totalidad por temas antiguos de la banda, interpretaron de una manera contundente.
Entregados por completo a su actuación, Onírea
siguen apostando por el rock con
matices oscurantistas, pero evitan el encasillamiento,
quizás debido a la multitud de influencias que sus miembros dejan entrever.
Entre el público se murmuraban las dichosas comparaciones,
aunque en ningún momento negativas; si las uniéramos todas, tendríamos como
resultado una amalgama de The Mission, The Cult, Chameleons,
Héroes del Silencio (como única referencia en español, junto
a Nino Bravo y otros de su mismo estilo)
y los mismísimos Paradise Lost, de quienes
quizá recibieron la mejor felicitación de la noche. Ofrecieron una actuación
corta e intensa, en la que dejaron claro que la elección de Onírea
como teloneros no podía haber sido más acertada, como complemento a lo
que llegaría más tarde..
Poco después de su actuación salieron Deathstars,
como he dicho, unos perfectos desconocidos en España, presentando su primer
CD "Synthetic Generation". A medio camino entre Marilyn
y Manson Rammstein,
no acabaron de convencer, quizás por la poca originalidad de su estilo.
Aun con una cuidada estética, (todos los miembros de la banda embutidos en trajes
de vinilo negro, lentillas blancas y maquillaje aun más blanco), lo repetitivo
de sus canciones condujeron al público hacia un ligero aburrimiento, quedándose
su actuación a medio gas.
Bases
electrónicas, guitarras metálicas
y mucha frecuencia grave es lo que puebla el estilo de estos suecos,
que, aunque potentes, no tienen ningún rasgo identificativo. Aun así,
se mantuvieron dignos durante sus 45 minutos de actuación, que quizás se hicieron
demasiado largos en espera de las verdaderas estrellas de la noche: Paradise
Lost.
A las primeras notas de la introducción de piano de "Erased"
salen al escenario los cinco componentes de Paradise
Lost: Lee Morris (batería), Steve Edmonson
(bajo), los dos guitarristas del grupo, Aaron
Aedy y Greg Mackintosh (el cerebro de la banda) y Su Majestad
Nick Holmes (voz), frío y distante como
de costumbre, aunque sin caer en los excesos de soberbia de los que ha
hecho gala en más de una ocasión.
Dejando a un lado la frialdad que muestran en el escenario los cinco músicos,
hay que reconocer que son una de las más importantes bandas de gothic
metal actuales, y con actuaciones como la de esta noche dejaron
claro el por qué: Paradise Lost ofrecen
un directo cuidado en todos los detalles, curtido durante sus más de
trece años de actividad, que dejan patente en todas y cada una de sus
composiciones.
Lógicamente,
el grueso de la actuación está compuesto principalmente por temas de su último
trabajo, "Symbol of Life", aunque también hacen un repaso
a los últimos CD's de la banda, en especial de "One Second",
disco del que recuperan tres temas para la ocasión; hay que recordar que fue
"One Second" el punto de ruptura de la banda
con su estilo anterior, y a partir de ese momento ha sido cuando su popularidad
ha ido en aumento, aun a costa de la opinión de sus más acérrimos seguidores,
que no siempre interpretaron este cambio de orientación del grupo como
algo positivo.
Para ellos, PL rescatan
su "Widow", procedente del álbum "Icon",
con el que caldean el ambiente de la sala. Le siguen "Behind the
Grey", extraído de "Host", el álbum más
electrónico de la banda, y vuelven al presente
con "No Celebration", el tema más intenso de "Symbol
of Life". La única concesión al épico "Draconian Times"
la hacen con "Shadowkings", con el que el público ya
es suyo. Le siguen "Symbol of Life", con el que bajan
la intensidad del concierto, que recuperan con el primer sonido programado de
la obligatoria "So Much is Lost", con la que el público
vuelve a enloquecer.
La cosa se tranquiliza algo con "Mouth",
de su extraño disco "Believe In Nothing", recuperando
la intensidad con "Pray Nightfall", y una
única concesión a "Shades of God" con el clásico "As
I Die", tema que Nick dedica
a todos los fumadores presentes en la sala, y con el que llegan al
clímax de la noche, que mantendrán con "Mystify", quizás
el tema más comercial de "Symbol of Life", y las esperadísimas
"Mercy" y "Say just words", como cierre del
setlist.
Quizás
los seguidores más antiguos del grupo echaron en falta algunos de sus temas
clásicos, y sobre todo la forma de cantar de Nick,
que evita en todo momento cualquier inclinación gutural como referencia
a épocas anteriores de Paradise Lost,
algo que la gran mayoría del público actual del grupo agradece, y que es posible
que sea una de las más efectivas armas de la banda, gracias a la cual han conseguido
alejarse del resto de bandas de doom y metal,
desprendiéndose de un calificativo que pudo llegar a ser un lastre, y logrando
un status propio.
En general, una actuación potente, en la que apenas bajaron de intensidad,
si bien ejecutaron los temas con muy poca diferencia respecto a las versiones
grabadas en sus CDs, aunque esa quizás falta de frescura la suplen con un sobrado
dominio del directo. Da igual, lo realmente satisfactorio es poder contemplar
la evolución de Paradise Lost, y sobre
todo saber que con nueve discos a sus espaldas, y un sinfín de conciertos,
siguen teniendo la misma energía, demostrando que son una de las pocas
bandas en contínua renovación y con más visión de futuro del panorama musical
actual. Y que les dure.