Hablar de
Ordo Rosarius
Equilibrio es algo más que hablar de un grupo de música...Se
trata de un concepto demasiado complejo
ideológicamente como para
no tenerlo en cuenta en este artículo, a pesar de que sea una crónica
de un concierto, el que ofrecieron en Madrid, en la sala
Ritmo
y Compás, el pasado lunes
3 de noviembre.
Lo
que sí es cierto es que vimos un "espectáculo diverso".
Es difícil definir si pudimos asistir a un concierto, una representación
teatral, una mera invocación al Diablo o
un declarado mitin político, aunque al final parece ser que hubo
un poco de todo.
Antes que ORE
actuaron de teloneros un grupo llamado Reserva Espiritual
de Occidente. Formado por una pareja pertrechada unicamente con dos
ordenadores portátiles y vestidos con indumentaria militar-fascista,
se acompañaron de discursos del mismísimo Franco,
incluyendo lectura de pasajes de la Biblia en inglés, reparto
de panfletos, grito de consignas españolistas
y proyección de imagenes de películas como "El Resplandor",
"La Dolce Vita" y alguna de esas antiguas de cruzados.
Algo más tarde de las 22 horas, Tomas
Pettersson, el líder, creador y fundador de Ordo
Rosarius Equilibrio esperó a entrar en escena después
de que el himno de la ya desaparecida URSS entonasen
unas primeras notas, al igual que ocurre con el intro de su último y
quinto disco, "Cocktails Carnage Crucifixion And Pornography".
"CCCP"
no son las siglas de este símbolo del comunismo del siglo XX,
encarnado por las políticas sociales y los planes quinquenales de
Lenin y
de Stalin, sino
que encierran en sí un concepto que, como bien desgranó Pettersson
en una entrevista reciente a este mismo web, le "diferencian de la eterna
glorificación del Tercer Reich".
Siendo tan profunda y manifiestamente explícita la carga
política de ORE, no podía dejar de comentarlo, aunque
mi quehacer se deba centrar única y exclusivamente en lo musicalmente
perceptible. Y es en esta tarea, analizando un poco los iconos, imágenes,
metáforas y clamores que vierte el vocalista, donde tuve que comenzar,
irremediablemente, mi modesta crítica.
Por esta razón, antes de comenzar quiero dejar patente
que no trato de abolir o censurar un pensamiento, en absoluto. Sólo constato
lo que algunos sospechaban, reticentes de asistir a la actuación que
fue, cuanto menos sugerente. Este
es el adjetivo que mejor describe la música que Pettersson
crea, diseña, dibuja, narra, cuenta, emite y, sobre todo, siente.
Porque
él es
ORE y
es su esencia la que el grupo sigue, aunque cierto es que tiene presentes en
sus composiciones a la musa de pelo rubio y semblante regio, como el
de la percusión que hace resonar,
Rose-Marie Larsen. Junto al dueto,
las dos partes de la personalidad del artista, se encuentra, sólo en
los directos, su tercer y último apoyo,
Fredrik Bergström.
Y así, en el pequeño escenario de tan mítica
sala, se aunaban tres percursionistas, marcando el ritmo militar y
denso que caracteriza la esencia de la banda, acompañada, eso sí,
de una serie de instrumental de fondo como la guitarra, los violines y los
instrumentos de viento que, muy a mi pesar, se encontraban en una fase de
pregrabado. Bien es cierto que la mayor parte de las formaciones de estilo
'dark folk' recurren al ordenador a la
hora de sintetizar su idea y hacerla sonora...Aún así añoré
que, como en los grupos más clásicos, las guitarras tuvieran
un rostro y un cuerpo que las sostuviese...y que los violines y los instrumentos
de viento no fueran tan reales y espontáneos.
Aún así, no puedo negar que aunque Ordo
Rosarius Equilibrio no innovó, sí magnificó
el ambiente, haciéndo de la atmósfera fría y poco
acogedora inicial y clima, relajado, distendido, sensual y cargado de
connotaciones no aptas para quienes dejan que su líbido ascienda con
unas simples y muy calculadas imágenes proyectadas tras
Pettersson.
Mentiría
si afirmase que la música que escuché esa noche fue tan emocionante
como la de otros conciertos en los que me he hallado. Mas también estaría
faltando a la verdad si tan sólo me dedicase a tirar tierra sobre esta
banda, sin tener en cuenta la complejidad de su estilo y la tendencia
a interpretarlo del mismo modo que ORE
hizo.
A lo largo de su actuación se encargaron de dar un repaso
al último disco y tocaron alguna pieza anterior como "Harvesting
the crop..." y "Apocalypse kisses...". El concierto
concluyó con el himno de la Unión Sovietica
(como el disco) y les tocó salir dos veces más
al escenario a hacer un bis preparado y otro que tuvieron que improvisar
ante la insistencia de un público que aunque en número no pasaba
de las cien personas si que se mostró totalmente entregado.