
A veces
merece la pena sacrificarse, viajar durante horas
interminables en la carretera, el frío y la lluvia. Y el pasado sábado
18 de octubre fue una de esas veces.
Tan sólo 200 personas pudimos
disfrutar de un concierto que más que una mera actuación en directo
y en
acústico fue
magia.
Bien es sabido que Deine Lakaien,
el dueto formado por Alexander Veljanov, hombre
de mirada misteriosa y tímida que se esconde tras una grandiosa y
potente voz, y Ernst Horn, músico
de los músicos y maestro creador de sonidos más allá
de la concepción tradicional de este arte, es una de las bandas que más
éxito tienen en el público de gustos
oscuros.
Estos alemanes llevan desde mediados de los 90 componiendo,
modelando y generando nuevas tendencias sonoras. Dejando influencias
de su unión en muchos otros grupos, aunque ni de lejos pueden semejarse
al mundo de Deine. Universo en el que el
ruido se transforma y la armonía no es sino el grito de una idea
o sentimiento. Dulce en contenido y sobrecogedor en forma.
Sin
preámbulos y sin retrasos, una especie de sampler desafinado anunciaba
que Horn y Veljanov pronto
irrumpirían en el escenario del Nuevo Auditorio
de la localidad lusa de Leiria. Impacientes esperábamos
que se tornasen las luces y Horn comenzase acariciando
un piano, único instrumento del que nos mostró su cara
más oculta, cuando dejó de apretar sus dedos contra las teclas
y se introdujo en su interior, provocando sonidos jamás pensados,
innovando.
Segundos después apareció uno de los hombres
con más personalidad musical que ha visto nacer el gótico
de los 90, Alexander Veljanov. Y su voz inundó
el auditorio, dejando boquiabiertos a los 200 espectadores que, sin parpadear,
tarareábamos mentalmente bellas canciones, repaso de su discografía.
No añoramos ni las luces ni el espectáculo visual del que fuimos
testigos la pasada edición del Wave Gothic Treffen,
en Leipzig, en Alemania del Este.
La intimidad se había apoderado de nosotros y
deseamos que el piano de Horn no parase de sonar,
y que la voz de Veljanov permaneciese en el
tiempo, parándolo y haciendo que el placer fuera como éxtasis,
casi lisérgico.
Embriagados y emocionados, recibimos como regalo dos bises
que supieron agridulces, pues el final se acercaba y aún resonaban en
nuestras mentes las melodías sensuales de "Generator",
las melancólicas de "Where You Are" y "Love
Me To The End", con la que dio inicio a una de las experiencias musicales
más gratificantes de toda mi vida.
Sin
embargo, no sólo el directo impactó a los presentes, la mayor
parte de origen portugués, sino que cuando
Deine Lakaien aparecieron en la fiesta que se había organizado
en su homenaje demostraron que, además de ser profesionales, son
agradecidos para con su público. Y más aún para
con los incondicionales españoles, unos veinte, que allí
nos encontrábamos.
Mención especial en este artículo merece la
organización del evento, que ha logrado satisfacer las ansias de,
al menos quienes, apostamos por la buena música, salvando las
distancias espaciales y las limitaciones cotidianas.